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Un documento propio

Era 2009. Iba por la avenida Santa Fe al kiosco de a la vuelta de mi casa a comprar unas cosas que me había pedido mi mamá y me encontré con la tía de una amiga. 

Me dijo muy emocionada que conocía a otra chica ‘como yo’ que se llamaba Marina y que estaban viendo ‘cómo cambiarnos el nombre’. Entre no creerlo y no entenderlo le pregunté dónde vivía y me dió algunas indicaciones de como llegar. 

Cuando volví a mi casa lloré como pocas veces en mi vida. Se parecía un poco a un llanto de libertad.

Ahí nomás me fui caminando hasta San Agustín buscando la casa con media sombra verde que me habían indicado. 

Cuando la encontré golpeé las manos y salió un hombre morocho y grandote, y me preguntó que necesitaba. 

Le dije que estaba buscando a Marina, por lo del cambio de nombre. Me dijo que espere y después de un rato me hizo entrar. 

Era más o menos esta altura del año, hacía frío, y Marina estaba sentada en la cama, tapada hasta la cadera y con un cenicero lleno de cigarrillos. Sus uñas encorvadas hacia abajo hacían sonar el teclado del celular, que no soltaba ni un ratito.

 

– ¿Cómo te llamas nena?- fue lo primero que me preguntó, prendiendo otro pucho.

– Antonella- respondí.

– Viste qué linda es ésta, gordo. Ácido en la cara hay que echarles. Cada vez más mujer vienen- dijo, riéndose mientras le hablaba a su marido- ¿Cuántos años tenes?

– 18- le contesté, riéndome más incómoda que nunca.

– Sos una nena encima. Claro. Ahora entiendo. Hay que matarlas de chiquitas- y se seguía riendo.

– La tía de una amiga me dijo que vos ayudás a que nos cambiemos el nombre- le dije explotando de ansiedad.

– Sí- me contestó-, con ATTTA venimos trabajando a nivel nacional con diputados para una ley que nos permita cambiar el DNI. ¿Sabés qué es ATTTA?

Yo que no entendía nada todavía le dije que no. Me dijo que era una asociación nacional de travestis, transexuales y transgéneros de Argentina. Que ella era la referenta por Santa Fe, y que había referentas en todo el país.

-¿De verdad?- le pregunté sin poder creer que no éramos las únicas dos trans en el mundo.

– Si nena, no ves todos estos papeles- me dijo señalando los kilos de archivos y fotocopias que tenía en la cama y arriba del ropero- Eso lo venimos juntando en todos lados. De todas las compañeras. Somos miles.

No podía creerlo y así empecé a ir a la casa de Marina casi todos los días.

Una de las primeras cosas que me cambió la vida fue obra de Marina. A través del INADI dió intervención para que me llamaran por mi nombre en la escuela donde terminé la secundaria antes de que existiera cualquier normativa que así lo reglamentara. 

Pasaron algunos años y después de un tiempo se mudó a Yapeyú y ahí conocí a un montón de pibas más. 

La verdad Marina nunca me había parecido una piba ‘como yo’, era una señora de barrio, como cualquier otra, Salvo porque su casa vivía llena de travas y de trans.

La hora de la comida era todo un ritual. 20, 30 pibas comiendo en la casa de Marina. Y pensando política. Y haciendo política. Y mostrando política. Que fulana cayó presa, que hay que hablar con la abogada, que tal se peleó con la otra. Que hay que ir a la comisaría a llevarle ropa. Gestión de alimentos, sacar a las detenidas de las comisarías, repartir preservativos y gel, hacer prevención de VIH e ITS. Estaba en todo, y todas estábamos con ella.

Ahí conocí a otras enormes militantes como Noelia Trujillo y Milagros Baroni, y otras tantas compañeras con las que hoy nos seguimos encontrando.

Era épico cuando entre mates empezaban las anécdotas. Cuando nos corrió la policía de tal lugar, el cumpleaños de aquella, el carnaval en tal año. Y también la memoria de cada compañera caída en el camino.

El 9 de mayo de 2012 el proyecto, que se gestó desde 2007, se convirtió en la Ley Nacional N°26.743 de Identidad de Género, y el 29 de diciembre de ese mismo año, el correo argentino me hizo llegar el primer documento con mi nombre elegido: Victoria, elegido inicialmente por mi mamá, inspirado por la tradición peronista de la familia y en el fragmento del último discurso de Eva a les descamisades en la plaza. “Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la VICTORIA”. Antonella, que es el primer nombre con el que me identifiqué. Y mantuve Stéfano, mi apellido paterno.

 

Marina fue la madre de muchas, sino de todas las militantes travas y trans santafesinas. En su mesa muchísimas discutimos por primera vez qué queríamos para nosotras y hacia dónde teníamos que apuntar.

Con ella nos acercamos por primera vez a la posibilidad de ser y de vivir en libertad, y la ley de Identidad de Género la consagró en la historia.

Marina fue una incansable luchadora. En su haber tiene la derogación de los códigos contravencionales que criminalizaban a las personas trans y penalizaban la prostitución. También fue impulsora del primer proyecto de cupo laboral trans, y acompañó todos los proyectos que le sucedieron hasta que se convirtió en ley. 

Siempre nos amenazaba con que cuando conquistáramos el cupo se iba a ir. Y como todo lo que nos dijo, lo cumplió al pie de la letra. 

Era una mujer de religión, y una fiel devota de Mae Iemanjá.

Para nosotras una referenta enorme, con un legado imposible de cuantificar.

A 8 años de la ley que cambió la vida de 9000 personas trans, aún hay muchas deudas por saldar. 

El cupo laboral trans es ley en la provincia de Santa Fe, aunque aún carece de reglamentación. De acuerdo al último censo sobre la situación de las personas trans en la ciudad, el 80% no tuvo empleo registrado, siendo la prostitución la base del ingreso económico.

En cuanto a la vivienda menos del 25% de las personas trans y travestis es propietaria de la casa donde vive, cuando tiene una casa donde vivir.

En cuanto a la situación sanitaria, en la actualidad no existe un circuito de salud que responda a las necesidades de la comunidad, incumpliendo el artículo 11 de la ley 26.743 sobre Salud Integral Trans.

En lo que a educación obligatoria respecta, el 60% de las personas censadas no completó sus estudios.

Y la pandemia de Covid-19 dejó al descubierto la grave emergencia alimentaria que atraviesa la población fruto de la ausencia de políticas concretas que transformen sustancialmente las trayectorias vitales de la población trans. 

Pero de todo ese panorama pantanoso seguimos emergiendo mariposas.

No faltan experiencias organizativas de compañeras que se ponen el hambre al hombro y paran la olla, como Sofía Lanche en Rincón o Pelusa, Alexia, Diana y Tatiana en el barrio Varadero Sarsotti.

La deuda en materia de políticas trans continúa siendo evidente, y continuará siendolo en tanto las cabezas que piensen y den forma a esas políticas sean cis. La revolución de las travas también es una revolución que sacude las bases de la representación política.

El norte, sin duda alguna, es seguir incansablemente resistiendo, desde cada uno de los espacios conquistados a los empujones para construir la igualdad que militantes históricas como Marina Quintero soñaron y pelearon hasta el último día de su vida.

 

A su memoria. 


Vicky Stéfano

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